Cosas de madre: historia de una palmera de chocolate

Hoy voy a ser un poco Alma Andreu (La Forte), (pero sólo un poco, porque más es imposible, ella narra tan tan bien😉).
La Forte Alma libro
Hace una semana ingresaron a mi «bolita de algodón número 3″ (sólo con un mesecito de vida) porque tenía fiebre. Y resulta que era meningitis: meningitis😨😨!! Sí, qué horror!!! Hasta que se obtuvieron los resultados de las diferentes pruebas (unos cuatro días de espera) para descartar que se tratara de una meningitis bacteriana (potencialmente peligrosa), mi vida era una incertidumbre, y la cabeza me iba a mil en dirección siempre a los desenlaces más negativos. Era una pesadilla 😢!! Mi vida, la vida de»papá investigador» y la de «mis bolitas de algodón» se tambaleó, y mucho.
En estos días de desespero absoluto, una persona maravillosa con uniforme de enfermera pediátrica, de esos con dibujos divertidos hasta en los zuecos (que unas alas de ángel le quedarían fenomenal) me acompañó, me ayudó, me consoló, me hizo reír y sobretodo cuidó a «mi bolita de algodón número 3» con tanto amor, que la pesadilla se fué difuminando, sobre todo cuando ella estaba con nosotras.
En la vida pasan muchas cosas bonitas y feas (por qué no decirlo, feas, porque pasan). Y que existan personas como «C» hace que te sientas humana, que te sientas comprendida, que nos sintamos todos iguales. En esos momentos no sólo necesitas un médico, una enfermera cien por cien profesional, sino una persona, como yo digo, de gran calidad humana (ya conozco un buen ramillete😍, y eso es muy buena señal😁).
Por suerte, no hay mal que cien años dure. Nuestra despedida fue muy bonita, tanto como lo ha sido ella con nosotras. Y dulce, porque como yo sólo tenía tiempo de ducharme, comer y cenar no le pude comprar ningún detallito mono. Así que aprovechando que escuché una conversación que mantenía con sus colegas en la penúltima guardia, en la que no daba crédito, pues en la máquina dispensadora del hospital no había palmeras de chocolate. Aproveché, mientras me tomaba un café para llevar, para hacerme con una de ellas. No estaba perfecta, pues cuando cae para que puedas cogerla, se rompe un poco. No me dio para ponerle ni un lacito, ni un mensaje. Pero cuando le di aquella palmera «gigante» (como se especifica en el envase), antes de hacerse su desayuno casi al acabar la guardia, aquella palmera de chocolate con forma de corazón iba llena de buenos deseos y dulce agradecimiento.
palmera de chocolate
Nunca olvidaré, evidentemente, este capítulo de la vida de María, no sólo por «el susto» sino por la maravillosa persona que la vida nos presentó. Gracias «C».
Y vosotros, recordáis alguna persona de gran calidad humana, que se cruzara en vuestro camino?
PD: Muchas gracias «C» por hacer tan fácil nuestra estancia en el hospital. Gracias por ayudarnos tanto, por hacer tan fácil lo difícil, por aportar tanta luz a lo que parecía oscuro, por poner tanta alegría a nuestros momentos tristes. Y sobre todo gracias por hacerlo con humor, con comprensión y con amor, con mucho amor.
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