Más pequeños detalles para edulcorar nuestra economía

Que difícil puede resultar después de los excesos de Navidad y de las tentadoras rebajas mantenerse en la cresta de la ola, en lo que ha economía del hogar se refiere. Se emplea el término «cuesta de enero», pero… y febrero ¿es un camino llano o aún se nos presenta como el primer mes del año?
En este post os recomiendo algunas prácticas que llevadas a cabo, no sólo a principios de mes sino a lo largo del año, pueden aligerar nuestros gastos. Ahí van:
En primer lugar olvidarnos de envolver los bocatas con papel de aluminio o film. Podemos usar un porta-almuerzos. Exísten muchos modelos de diferentes precios. De los más económicos a los no tanto, pero podemos conseguir los «no tanto» aprobechando un cumple, o pidiéndoselo a los Reyes Magos (qué todo lo pueden!). Algunos de los que utilizo los he comprado a través de dos webs que tienen de todo: tutete.com y minimoi.com. Si os interesa, echad un vistazo a ver cuál es la que más os gusta.
En segudo lugar, sustituir nuestra mascarilla para el rostro por una alternativa económica y natural. ¿Cómo? Sencillamente, elaborando nuestra propia mascarilla con ingredientes que podemos tener en casa facilmente. La que yo me preparo va de maravilla, y no es invención mía no, es una propuesta que hace la conocida blogger Macarena Gea en su libro «Mi guía de estilo»de Editorial Planeta. Es muy sencilla «sólo tienes que mezclar harina de avena (de venta en herboristerías y algunos supermercados) con unepoco de agua mineral. Cuando obtengas una textura densa y cremosa, aplícala con movimientos suaves y circulares, déjala actuar un minuto y aclárala con agua tibia». Si además completáis con una de las cremas low cost recomendadas por la OCU, la hidratación y cuidado de vuestro cutis será de calidad y no superará los 4€ al mes. Yo, que tengo una piel selsible, reactiva y mixta, uso una de estas cremas, concretamente la «crema de día Q10, Cien» de Lidl y estoy encantada.
 
Y finalmente, ampliar el uso que damos al papel higiénico. Cuando hay pequeñines en casa los pañuelos de papel «vuelan», sobre todo en otoño y en invierno. Por eso una buena alternativa puede ser encontrar una cinta o cordón chulo, pasarlo por el rollo de papel higiénico y dejarlo colgado en un lugar discreto y accesible para ellos.
Espero que con estos sobrecitos de edulcorante sumados a los anteriores consigáis aligerar vuestra economía un pelín más.
Si tenéis otras prácticas que funcionen soy toda oídos (ojos).
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